Tengo un hijo. Debería ser algo lo suficientemente importante como para valorarme más, tener cuidado con las cosas que digo y hago, pensar que mis decisiones van a influir de una u otra manera en la forma que le estoy dando a este ser que tiene su juicio en blanco.
Reconozco que con el pasar de los años he cambiado... más por dentro que por fuera, y no necesariamente para mejor.
Me he vuelto un ser prejuicioso, amargo e incapaz de ocultar su amargura tras una máscara de irreverencia desmedida.
Tengo la sensación constante de que no hay esperanzas.
De que todo es en vano, de que la gente no va a cambiar.
Tengo evidentes problemas para comunicarme verbalmente, no es de extrañar que me cueste pronunciar en inglés si de hecho me cuesta pronunciar en mi lengua nativa.
Pasar mucho tiempo sin compañía frente al computador me ha pasado la factura al parecer.
Siempre antes de salir de casa trato de estar conforme con mi apariencia, y la verdad no tengo muy claro el propósito... ¿debería haber uno? Siento que mi identidad se ha ido carcomiendo, siento que los años pasan y la vida se acaba.
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