Normas, normas para todo. Códigos de integridad.
Si todas nuestras interacciones estuviesen normadas, estas normas estarían diseñadas para ser quebrantadas. Todo es variable, nada es plano.
Todo puede tomar un giro abrupto y adentrarse por un callejón que antes no existía.
Tu eres capaz de crear el camino, pero no necesariamente en base a los caminos que ya han sido establecidos, o los caminos conductualmente ya establecidos.
Las interacciones humanas son complejas, pueden tomar muchas ramificaciones.
La vida está ahí, como un lapso de tiempo, como un papel en blanco que podemos rayar de la forma que queramos... literalmente, de la forma que queramos.
Aprender a abrir la mente es no definir nada, por que cuando defines, cierras la opción de que aquello a lo que has definido no pueda mutar, y decir que las cosas no pueden mutar es rechazar la verdadera naturaleza de la vida.
Yo cometí el error de definir lo que tuve con la mujer a la cual más he amado, y me limité a cumplir con esa definción, sin saber que cuando uno no permite que las cosas muten, está permitiendo la inevitable muerte de un ser que se ha conformado en base a lo que dos personas sienten. Si no se permite que este ser mute, morirá.
Y yo... lo he dejado morir.
La rutina está conformada por nuestras propias limitaciones. Cuando en vez de hacer algo que nos guste después del trabajo nos dedicamos a perder nuestro tiempo viendo tele o haciendo cosas que no nos conducirán a ningún lugar más allá de concretar una rutina, estamos sepultando instantes de nuestras vidas que nunca podremos recuperar.
Olvidarás todas esas noches de computador, redes sociales y televisión cuando estés a punto de morir, no va a quedar nada más que todas esas veces que pudiste hacer que tu corazón mutara más allá de esas barreras preestablecidas en tu vida mucho antes de que nacieras.
¿Por qué?
No vivimos en un planeta, vivimos en una gran fábrica y nosotros somos la materia prima. Ellos han diseñado incluso nuestra cultura de tal forma que seamos un ganado que se auto ejecuta y entrega su tiempo de vida, su única materia prima en base a la ilusión de vivir.
Ya no quiero ponerle definiciones a nada, ya no quiero llamar las cosas por su nombre, ya no quiero seguir viviendo.
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